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octubre 26, 2021

CREI POR LO CUAL HABLE

"…Creí, por lo cual hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos…" 2 Corintios 4:13

Alentaos los Unos a los Otros

ALENTAOS los Unos a los Otros

1 Tes. 4:18; 5:11

I. Parakaleo, Llamar al Lado de Uno
A.   Este estudio es semejante a la lección sobre Heb. 10:24,25. También tiene que ver con
estimular al cumplimiento de los deberes.
B.   La definición. «Parakaleo (traducida «alentar») significa llamar al lado de uno; y de
ello exhortar, o consolar, o alentar. Se traduce como ‘alentar’ sólo en 1 Ts 4:18 en la
RVR. En la RV, ‘consolaos’. En 1 Tes. 5:11 se traduce «animar». En Col. 2:2 se
traduce consolados, «para que sean consolados sus corazones»; en Col. 4:8 se
traduce conforte, «el cual (Tíquico) he enviado a vosotros para esto mismo, para que
conozca lo que a vosotros se refiere, y conforte vuestros corazones»; también en 2 Tes.
2:17, «Dios nuestro Padre, el cual nos amó y nos dio consolación eterna y buena
esperanza por gracia, conforte (consuele) vuestros corazones». La palabra castellana
«alentar» significa «animar, infundir aliento o esfuerzo, dar vigor». El cristiano recibe
aliento de Dios, de las Escrituras, y de su propia fe
y esperanza,       pero   debe         recibir mucho aliento también de sus hermanos.
II. Alentar Con La Palabra de Dios.
A.    «Con estas palabras». La palabra de Dios edifica. Hech. 20:32, «os encomiendo a
Dios, y a la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros». Efes. 4:15,
«siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo».
B.     La palabra actúa. 1 Tes. 2:13, «la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los
creyentes» (compárese Fil. 2:13, Dios obra en nosotros; obra en nosotros a través de su
palabra).
C.    Que more en vosotros. Por eso, Col. 3:16, «La palabra de Cristo more en abundancia
en vosotros». La palabra de Dios es viva y eficaz. Obra en nosotros. Actúa en nosotros.
Nos edifica y nos alienta. Es in-dispensable creer esto.
D.    Aprenderla, retenerla. Si creemos con todo el corazón que la palabra actúa en
nosotros, esto nos motiva a aprenderla y retenerla. 2 Tes. 2:15, «Así que, hermanos, estad
firmes, y retened la doctrina que habéis aprendido». Tito 1:9, «retenedor de la palabra fiel
tal como ha sido enseñada».
E.     Palabras que no alientan. Lamentablemente hay hermanos que hablan mucho y no
alientan nada. Suenan como sectarios. A veces por no haber preparado sermón «predican»
cualquier cosa — aun el himnario — y la gente ni escucha, porque son palabras con poca
sustancia. El que «preside »  fácilmente puede hablar por veinte minutos sin edificar ni
alentar. Nada más habla sin decir nada. Este servidor ha tenido la experiencia de viajar

lejos para predicar y el que «preside» me roba casi la mitad del tiempo señalado para la
predicación. Lo que edifica es la palabra de Dios. Las palabras nuestras deben basarse
directamente en esta palabra. El trabajo nuestro es el de predicar, aclarar, ilustrar y
enfatizar la palabra de Dios. Los levitas «leían en el libro de la ley de Dios claramente, y
ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura .. y todo el pueblo se fue .. a gozar
de grande alegría, porque habían entendido las palabras que les habían enseñado» (Neh.
8:8,12). ¡Cuántos fieles sufren durante «sermones» que son fuentes sin agua! ¡Cuántos
hermanos van al culto con hambre y salen con hambre!
F. No pentecostalismos. Muchas iglesias de Cristo están llenas de miembros con ideas
pentecostales. Hasta evangelistas los hay que deben saber mejor. Se oyen decir
expresiones como éstas: «¿Están todos felices?» «¿Estamos todos contentos?» A veces
parece que creemos que el aliento es semejante al entusiasmo visto en el juego de pelota.
Ahora hay iglesias liberales que han comenzado a aplaudir para indicar su aprobación.
(Supongo que para ser consecuentes también sería lícito dar patadas en el suelo para
indicar la desaprobación). El aliento del cual Pablo habla no es tan superficial. En 1 Tes.
5:11 el animarse se conecta con el edificarse.
III. Enseñanza Sobre la Segunda Venida.
A.   Cristo promete volver. Juan 14:1-3, «si me fuere y os preparare lugar, vendré otra
vez»; Hech. 1:9-11, «así vendrá como le habéis visto ir al cielo». Esta promesa nos
alienta.
B.   Los muertos resucitados. Juan 5:28,29, «vendrá hora cuando todos los que están en los
sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas
los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación»; 1 Tes. 4:16 «El Señor mismo …
descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero». (Pablo se refiere en
este texto a los santos, muertos y vivos; explica que los muertos en Cristo resucitarán
primero y que luego los vivos serán transformados. Pablo no enseña que habrá dos
resurrecciones, una de los santos y otra de los demás. No hay ningún texto que enseñe tal
cosa). Es de mucho aliento saber que los que mueren en Cristo resucitarán.
C.   Los vivos arrebatados. 1 Tes. 4:17, «Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos
quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire,
y así estaremos siempre con el Señor». No habrá ninguna clase de rapto secreto como enseñan
los evangélicos. 1 Cor. 15:51,52 describe la transformación de los vivos cuando Cristo venga:
«No todos dormiremos (moriremos); pero todos seremos transformados … los muertos serán
resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados». Véase también Fil. 3:20,21.
D.   La tierra destruida. 2 Ped. 3:10, «Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la
noche … y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas».
E.   El juicio final. Cuando Cristo venga la segunda vez terminará la vida terrenal y todos
comparecerán ante el tribunal de Cristo (2 Cor. 5:10). Mateo 25:31-46 des-cribe la

separación de los buenos de los malos. De mucho aliento son las palabras de Jesús:
«Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros» (v. 34).
IV. Recreados Por Los Hermanos.
A.   Filemón 7, «Pues tenemos gran gozo y consolación en tu amor, porque por ti, oh
hermano, han sido confortados los corazones de los santos». En el margen de La Biblia de
las Américas se refiere a la palabra «confortados» y dice «O, recrea-dos». «Anapauo, dar
interrupción a la labor, dar reposo, refrigerio». El fiel cristiano «refresca» a sus hermanos,
les da alivio y aliento, como un vaso de agua fría refresca al sediento.
B.   1 Cor. 16:17,18, «Y me regocijo por la venida de Estéfanas, de Fortunato y de
Acaico, pues ellos han suplido lo que faltaba de vuestra parte. Porque ellos
han recreado mi espíritu y el vuestro. Por tanto, reconoced a tales personas» (LBLA).
C.   También véanse 2 Cor. 7:13; 2 Tim. 1:16; Rom. 15:32. Las palabras «confortado» y
«consolado» pueden ser traducidas «refrescado». Los  cristianos alientan, animan y
edifican los unos a los otros. Pero ¡qué triste cuando los miembros desalientan los unos a
los otros! El evangelio da descanso del pecado y los cristianos dan alivio al espíritu de
sus hermanos. ¿Cómo afectamos a otros hermanos? ¿Los irritamos o los refrescamos?
Conclusión
A.    Con mucha razón Pablo dice, «Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas
palabras», estas promesas acerca de la segunda venida de Cristo. Deberían alentarse para
que «no os entristezcáis como los otros que no tiene esperanza» (1 Tes. 4:13,18). El
cristiano puede combatir toda forma de desaliento con estas palabras.
B.     Cuando Pablo se despidió de los ancianos de Efeso, les dijo, «Y ahora, hermanos, os
encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros
herencia con todos los santificados». En la despedida «hubo gran llanto de todos; y echándose
al cuello de Pablo, le besaban, doliéndose en gran manera por la palabra que dijo, de que no
verían más su rostro» (v. 37,38). ¿Con qué podían consolarse estos hermanos? ¡Con la palabra
de Dios!
C.    «Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de
nuestro Señor Jesucristo … Por lo cual, animaos unos a otros, y edificaos unos a otros, así
como lo hacéis» (1 Tes. 5:9-11).
D.    ¿Cómo, pues, podemos alentarnos los unos a los otros? En primer lugar, alentamos
los unos a los otros con la palabra de Cristo. La palabra (la enseñanza) nos edifica (Hech.
20:32; 1 Tes. 5:11). Todos estos textos sobre nuestra relación unos  con     otros nos
enseñan cómo podemos alentarnos.